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España entra en el decimotercer año de crecimiento del PIB y del empleo

02 ene 2006

España entra en el decimotercer año de crecimiento del PIB y del empleo La economía española entra este año en el decimotercero de crecimiento y generación de empleo continuados, en el que se ha convertido ya en el ciclo más largo de progreso económico de la democracia. Pero la longevidad de la actividad ha deteriorado lentamente algunos indicadores que amenazan con quebrarla, según informa el diario económico Cinco Días. La inflación persistente ha dañado seriamente la competitividad y la necesidad de financiación de la economía alcanza valores desconocidos.

Cuando Pedro Solbes tomó las riendas de la economía española, en verano de 1993, se destruía empleo a mansalva en el país que más dramáticamente sufrió la crisis industrial de 1991 a 1993. Comentaba la semana pasada el vicepresidente económico que «la teoría económica nos enseña que cuando en un ciclo alcista se gasta más de lo debido, se acorta la vida del ciclo». Eso fue precisamente lo que le ocurrió a la economía española en 1992-1993: se precipitó la crisis por el desafortunado desenlace fiscal que tuvieron las demandas sociales del final de los ochenta. La aplicación de un criterio diferente de política económica desde entonces, con la eliminación del desequilibrio de las cuentas públicas como norte y la entrada en el euro, metió a España en una espiral de virtuoso crecimiento que aún hoy no ha terminado.

Ahora, tras doce años de avance del PIB a tasas superiores a las de la UE, y con un reflejo intensivo en el empleo (dos de cada tres creados en la zona), España deberá corregir los desequilibrios acumulados por una actividad productiva en muchos casos exagerada, si quiere mantener el ritmo los próximos años.

El crecimiento ha estado fundamentado en la demanda interna, y de forma más sobreacelerada en el consumo que en la inversión (sesgada en el componente inmobiliario, que ha llevado el endeudamiento de los hogares a máximos históricos, pero sostenibles por la estabilidad de unos tipos de interés reales negativos), lo que ha provocado crecimientos de la inflación sistemáticamente superiores a los de la Unión.

Tal circunstancia ha lastrado de forma muy abultada la competitividad de la economía, que sigue perdiendo cuota de mercado internacional y nacional (la demanda se cubre cada vez más desequilibradamente con importaciones), aunque no puede hablarse de problemas para sectores o empresas determinadas, si bien el oleaje de la deslocalización también alcanza a España.

Esta demanda tan fuerte, en parte alimentada por un crecimiento de población descomunal (más de un 10% en menos de diez años por el empuje desordenado de la inmigración), coloca a la economía con un déficit por cuenta corriente cercano al 8% del PIB, tasa desconocida en la OCDE, y que revela que España vive por encima de sus posibilidades, gracias a la entrada de la financiación que suple la falta de ahorro.

El crecimiento del empleo en los doce últimos años ha sido espectacular, y España ha pasado de tener menos de doce millones de ocupados a más de 19 millones. Pero el mecanismo buscado en los ochenta para generar nueva ocupación, la utilización con pocos límites del contrato temporal (una forma pasiva de reducir el coste del despido), ha desequilibrado el mercado de trabajo de forma llamativa.

El número de trabajadores con una relación laboral temporal ha superado ya los cinco millones de personas, lo que supone uno de cada tres asalariados.

Además, los mecanismos puestos en marcha en los últimos años para atajar el crecimiento de este fenómeno, no han funcionado, pese a la ingente cantidad de recursos financieros que han absorbido procedentes de la Seguridad Social.

Los sindicatos y el Gobierno, y hasta la patronal, están buscando nuevas formulas para introducir mayores dosis de calidad en el empleo existente, pero que en la medida de lo posible no dañen la tendencia alcista de la ocupación que dura ya una docena de años.

La tasa de temporalidad en España prácticamente duplica la media de la Unión Europea, con algunos sectores con números de escándalo, si bien es cierto que otros, por la naturaleza de su actividad, están en parte abocados a la contratación definida.

Otro intento ensayado en los últimos años, y que ha terminado dando resultados parciales, es el estímulo a los contratos a tiempo parcial, que se han concentrado fundamentalmente entre las mujeres.
La fortaleza del crecimiento y la apertura de los mercados han disparado la actividad empresarial en el exterior, donde han tomado posiciones de liderazgo varios sectores. Por contra, España, con la aparición de nuevos jugadores emergentes, ha perdido posiciones como polo de atracción de las inversiones extranjeras.

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